¿Qué puedo hacer ante una rabieta?

Rabietas infantiles

Es normal que entre los 2 y 4 años haya momentos en los que tu hijo/a presente rabietas. Durante esa etapa, es ésta la única manera de expresión que poseen para poder mostrarnos que están enfadados/as y frustrados ante los límites y normas que nosotros como adultos les marcamos.

Entendiendo que es un proceso normal, y que a través del tiempo el niño irá adquiriendo nuevas herramientas para expresar sus emociones, seguiremos unas pautas para poder manejar dichas situaciones:

  • La figura de autoridad eres tú, o sois vosotros. Tener una figura firme, le hace falta y le da seguridad.
  • Las normas y límites deben ser consensuadas y claras, de manera que antes de que se de una conducta inadecuada ya se hayan establecido cuáles serán las consecuencias negativas.
  • Gritar o pegar a tu hijo sólo empeorará la situación. Debemos entender que es un proceso normal de su etapa vital, dado que no tiene otra manera de expresarla y que yo le serviré de modelo para ayudarle a que tenga otras herramientas para manejar la frustración. Si yo le grito, le enseño que la frustración se maneja así (de manera no tan diferente a cómo él /ella hace), y por tanto las rabietas no desaparecerán. La rabieta, no es culpa de nadie.
  • Intenta descubrir qué es lo que le pasa y le enfada, mostrando comprensión.
  • Las rabietas son una manera de llamar la atención. Para acortar y disminuir la intensidad, debes ignorarlas (incluso saliendo de la habitación), cerciorándote primero de que tu hijo/a esta en un ambiente seguro y no se va a poner en peligro.
  • Apoyo entre los progenitores. Funcionamiento en equipo o bloque. Es decir no habrá figura buena y figura mala. Si no, la batalla está pérdida. Si en un determinada momento, percibimos que la situación nos desborda y no podemos manejar nuestras emociones, delegaremos en nuestra pareja hasta que me recupere, y si es necesario le daré un relevo.
  • A pesar de lo incomodo de la situación (a veces en público), es importante que te mantengas frío y que afecte lo mínimo posible a tu estado de ánimo (si te altera, intenta que por lo menos no se te note, respira, distrae tus pensamientos, imagina que nadie te esta mirando, etc). De esta manera, él/ella percibirá que no existen fisuras y que no vas a ceder a su chantaje.
  • Si en un determinado momento cedemos, el niño/a aprende que esa es la manera de conseguir las cosas. De esta manera, esta conducta se refuerza y cobra fuerza, pasando a repetirse en cada momento que desee algo y nosotras/os no accedamos. Aprende que aunque nos neguemos en un principio por vergüenza, por impotencia, etc. acabaremos cediendo. Si una vez lo ha conseguido no razonara ante nuestras explicaciones ni amenazas, pues sabe que al final lo conseguirá.
  • Las normas y limites deben ser claros y estables y no depender de nuestro estado de ánimo o cansancio. De esta manera, lo único que conseguimos en confundir a nuestros hijos, ya que no sabrán cuál es el comportamiento adecuado que esperamos. (Ésta es la causa de que en otros contextos, como la guardería, si sepan comportarse bien, ya que las normas han sido establecidas de forma más clara y sin excepciones).
  • Refuerza las conductas positivas. No le prestes atención cuando este en plena rabieta, e incluso ignórale. De esta manera se dará cuenta de que estar así no tiene ningún beneficio (si le atiendes, entonces él/ella siente que aunque estés enfadado/a acapara tu atención, y lo repetirá en el futuro).

Las rabietas son un problema infantil frecuente. Como psicóloga profesional ofrezco terapia infantil especializada, trabajando distintas áreas y problemáticas habituales entre los niños.