Educar a nuestros hijos: el perfeccionismo no es la clave del éxito

Psicología Infantil en Bilbao

En el sistema de la sociedad actual, el ser o no una persona “considerada válida” nos empuja en muchas ocasiones a fijarnos metas y objetivos que mucho difieren de conseguir la felicidad. Es cierto, que el fijarse ciertas metas y conseguirlas, puede ayudarnos a sentirnos bien con nosotros mismos y a que los demás nos muestren su reconocimiento (necesidad de autorrealizacion propia del ser humano), pero muchas veces la manera en que hemos establecido dichas metas, así como el valor que otorgamos a su consecución o no, inciden directamente a nuestra autoestima.

Es tan negativo no proponerse ninguna meta como proponerse metas irreales

Es cierto que todos experimentamos emociones positivas al tener éxito (desde ganar una carrera en el jardín de infancia, a conseguir un ascenso laboral), pero en algunas ocasiones esta búsqueda puede convertirse en una obsesión que puede derivar en diferentes trastornos: baja autoestima, inseguridad en si mismobajo autoconcepto, frustración e insatisfacción, estrés, ansiedad, depresión, etc., que inciden directamente en las diferentes áreas de nuestra vida: personal, familiar, laboral y social.

Es fundamental entender y empatizar con ellos cuando algo no les sale bien, y mostrarles, a través de nuestra conducta, cómo hacerlo. ¿Cómo nos sentiríamos nosotros si un jefe/a sólo nos remarcase los errores que cometemos?¿Llevaríamos a cabo conductas solicitadas por un jefe que actúa de la manera contraria? (Ejemplo: respetar, si no nos sentimos respetados)

Debemos ser conscientes de cómo nuestra conducta es responsable de la conducta de nuestros hijos/as.

Los padres, como referentes y modelos de nuestros hijos, constantemente les transmitimos tanto verbal como no verbalmente nuestras valoraciones. No debemos olvidar que nuestros hijos se encuentran en un proceso de aprendizaje continuo, y que como es normal no sabrán hacer las cosas a la primera, seremos nosotros los que les acompañaremos en dicho aprendizaje siendo pacientes y entendiendo que cuando no lo hacen bien, no saben hacerlo mejor. Nuestra conducta les servirá de modelaje para aprender a ir haciendo las cosas de una manera mejor.

Es normal que queramos lo mejor para nuestros hijos/as: que saquen buenas notas, que sean educados, que sean organizados, que tengan éxito en el futuro, etc., pero debemos tomar conciencia de que dichas expectativas tienen que ajustarse a su momento evolutivo, y sobre todo que sólo siendo flexibles y valorando sus esfuerzos y progresos, haremos que nuestros hijos sean felices y no sufran los trastornos anteriormente descritos.

Ser unos padres impacientes y perfeccionistas deriva en tener unos hijos/as con baja autoestima, inseguros, y con riesgo de padecer ansiedad y/o depresión, aunque en ocasiones creamos que son sólo cosas de adultos.

¿Cómo podemos hacer que nuestros hijos/as se propongan metas sin que esto derive en un problema?

Naturalmente que podemos ayudar a que nuestros hijos/as se esfuercen para conseguir buenos resultados, pero no debemos olvidar:

  • Las metas tienen que ser realistas.
  • Nuestra percepción de ellos no dependa de la obtención o no de dichos éxitos. Ellos son más que unas buenas notas o unos buenos resultados académicos. Son hijos, amigos, nietos. En muchas áreas tendrán que seguir esforzándose y aprendiendo, pero no olvidemos decirles lo que hacen bien, lo que han mejorado, lo que nos gusta de ellos. Refuerzo positivo.
  • Ayudarle a aprender de los errores, no a que los vea como un fracaso, sino como una oportunidad para aprender y mejorar. Predica con el ejemplo, somos sus modelos. Ante un error o una mala conducta, no olvides remarcar que equivocarse no es malo, que se valora su esfuerzo, y señalar lo que ha hecho bien. Lo malo es la conducta no el/ella. No interpretes que se comporta así por fastidiarte la vida, de esta manera sólo empeorará la situación. Recuerda, está aprendiendo y le vas a enseñar.
  • Tenle en cuenta. Tú sigues siendo el adulto, pero él tiene derecho a decidir o pensar diferente a como te gustaría que lo haga (quiénes son sus amigos, qué ropa ponerse, etc.). No anules su personalidad, en todo caso siéntate a hablar con el/ella, escucha y respeta su opinión, y proponle la suya.
  • Ayúdale a tener una buena imagen de si mismo, que se respete y acepte sin entender que uno es sólo válido cuando hace las cosas perfectas. El esfuerzo también cuenta. Transmítele que uno también puede disfrutar intentando hacer las cosas y no solo cuando ha conseguido el objetivo. Ayúdale a identificar cuándo ese deseo de ser perfecto juega en contra suyo.
  • Ayúdale a afrontar la frustración, no siempre uno consigue lo que quiere.
  • Intenta ser el jefe/a que te gustaría tener, alguien que valora y reconoce los esfuerzos, una/o que motiva y valora a las personas mas allá de que a veces se puedan equivocar. De esta manera tus hijos/as sus hijos se sentirán aceptados y queridos, además que desarrollarán una autoestima sana y la seguridad en sí mismos.

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